Las mejoras en la calidad de vida han supuesto un aumento en los años de vida de la sociedad. Este hecho conlleva que una vez conseguida la jubilación la población se encuentra con un tiempo libre al que no está acostumbrado y que no sabe en que emplear. Aquí entrará en juego la actitud de la persona ante la vida y como la quiere vivir y asumir.

Según la Organización Mundial de la Salud (OMS) el bienestar emocional es un estado de ánimo en el cual la persona se da cuenta de sus propias aptitudes, puede afrontar las presiones normales de la vida, puede trabajar productiva y fructíferamente y es capaz de hacer una contribución a la comunidad. A continuación, vamos a desglosar esta definición y a hacer unos comentarios sobre ello.

De forma general, cuando se acercan este tipo de situaciones lo primero que se escucha es “búscate algo que hacer”, “apúntate a clases de baile”, “sal a caminar”, “vente al centro de día”, etc. Esta nueva etapa se ha de afrontar desde la perspectiva de una nueva oportunidad para poder llevar a cabo todas las actividades que en el pasado no se pudieron debía a razones, familiares, económicas, etc. Cada persona debe dedicar unos minutos a pensar en que le gustaría emplear ese tiempo. Comenzar con un pequeño análisis de cuáles son las preferencias y las capacidades con las que contamos para llevar a cabo cierta actividad. Proponernos objetivos estimulantes, pero sobre todo asumibles, hará que cada nuevo día sea una oportunidad de aprendizaje y diversión.

Mantener una vida sana y enérgica mejorará la visión ante la vida. En este sentido no solo hacemos referencia a comer bien y salir a caminar o ir al gimnasio, sino a tener relaciones interpersonales con la sociedad. Es decir, compartir las aficiones con gente que tenga gustos parecidos. Esto supondrá tener una sensación de encaje en el puzzle, de que se forma parte de algo, y con ello se elimina el sentimiento de soledad. Para conseguir esto existen una gran cantidad de espacios donde se imparten clases de distintas índoles donde encontrar gente de nuestra misma edad y con los que compartir. Este tipo de sensación también se puede encontrar formando parte, de una manera más activa, de la familia. Preocuparse por el estado de los hermanos, hijos o nietos, cuáles son sus planes del fin de semana, de futuro, hacer planes juntos, etc.

La actividad mental es una de las primeras cosas que la gente suele dejar de hacer cuando comienzan la vida adulta, ya que el trabajo les quita el tiempo que le podían dedicar. Por ello, este es el momento perfecto para retomar este tipo de tareas, ya sea acudiendo a una escuela a estudiar y formarse, participando en clubs de lectura, cine o teatro. El fin de todas ellas es conseguir una estimulación al cerebro que le haga pensar y replantearse cuestiones del día a día.

Todas las decisiones que se toman a lo largo de la vida influyen de manera directa o indirecta a las rutinas. Por ello esta etapa no ha de verse como un tiempo perdido, si no como una oportunidad de vivir.