Historia de las Universidades Populares

Aunque nos pueda parecer muy actual el concepto de extender el saber a sectores tradicionalmente excluidos del sistema educativo, como los obreros y campesinos, lo cierto es que las universidades populares tienen más de un siglo de historia. La primera apareció en 1903, y desde su nacimiento han sido instituciones enteramente dedicadas a transmitir conocimientos sin ánimo de lucro a todas las capas sociales. Tienen su origen en Francia, en concreto en París, donde el 9 de octubre de 1899 abría sus puertas la primera universidad popular, en un barrio popular de la capital. En el caso de España habría que esperar un poquito más: el primer centro de este tipo se inauguró el 8 de marzo de 1903 en Valencia. Su fundador fue el conocido escritor Vicente Blaso Ibáñez. En general, la burguesía reformista, a menudo vinculada a sectores republicanos, va a ser la principal impulsora de las universidades populares.

A la de Valencia siguieron, hasta los años treinta, iniciativas parejas en Madrid, Sevilla, A Coruña, Ourense, Segovia y de nuevo, Valencia. La difusión inicial de este tipo de universidades fue bastante lenta y reducida, y varias de ellas no permanecieron demasiado tiempo en funcionamiento. Sólo la segoviana continuaría su actividad hasta la II República. Pese a la escasez de medios inicial, sin duda se trataba de proyectos de una enorme importancia a nivel educativo: lideradas por intelectuales de prestigio, como el citado Blasco Ibáñez, Antonio Machado o Wenceslao Fernández Flórez, solían ser iniciativas colectivas no excluyentes, destinadas a un público ideológicamente plural, que rompían con el elitismo de la enseñanza hasta entonces preponderante. Había una buena dosis de utopía en sus impulsores, que las consideraban herramientas para lograr la regeneración social y la solidaridad humana entre personas de adscripciones sociales muy diferentes. De este modo se lograría alcanzar la ansiada paz social. Para lograrlo, en estas primeras décadas de historia las universidades populares realizaron actividades de índole muy variada: conferencias sobre higiene popular o divulgación científica, cursos para obreros, monográficos de carácter aplicado en temas como la producción agrícola y la legislación laboral, sesiones musicales, visitas guiadas a museos y monumentos o excursiones… Se trataba de programas que hoy en día pueden llegar a asombrarnos por su pluralidad y aparente modernidad.

Tras el advenimiento de la II República, en 1931, la Universidad Popular de Cartagena incrementa la lista y se convierte en un referente, llegando a impartir conferencias en las que participaron nombres tan destacados como María de Maeztu, Margarita Nelken, Miguel Hernández o Elena Fortún, además de celebrar certámenes literarios, concursos fotográficos, exposiciones y hasta publicaciones y documentales. Como proyecto que contó con el apoyo de una gran parte de la intelectualidad del momento, la iniciativa de Cartagena contaba incluso con dos bibliotecas circulantes, una general y otra infantil, que llevaban la lectura a puntos recónditos de toda la región.

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La Guerra Civil impidió que se pusiese en marcha un importante proyecto, el de las Federaciones Universitarias de Estudiantes, que reclamaba la creación de universidades populares en diversas poblaciones de España, fuesen o no capitales de provincia. Se trataba del germen de una eclosión sin precedentes de este tipo de centros, con matrícula y enseñanza gratuitas. Con el franquismo, las universidades populares, que durante la República y la Guerra se habían ideologizado en ciertos casos, pasaron a ser suprimidas o transformadas radicalmente. Durante los casi cuarenta años de dictadura no existió ninguna institución con tal nombre o que recuperase sus principios.

Hubo que esperar a la restauración democrática para que se recuperasen, si bien ahora en el seno de ayuntamientos que las veían como un medio de permitir el acceso de los bienes culturales a toda la sociedad. La primera tras el franquismo, la Universidad Popular de San Sebastián de los Reyes, en 1981. Al año siguiente se creaba la Federación Española de Universidades Populares (FEUP), como una manera de contribuir a la cohesión del movimiento. En la actualidad, son cada vez más los centros que se integran en esta Federación, y crece su articulación con otras redes internacionales.

La historia de las universidades populares se sigue escribiendo, con más tecnologías y redes sociales, pero con la misma ilusión que las guió en sus orígenes: acercar la enseñanza, gratuita y de calidad, a todos los ciudadanos y ciudadanas.